
Antes del inicio, después de la gran guerra entre el cielo y el infierno, Dios creó la tierra y dio dominio sobre ella a ese primate habilidoso al que él había puesto como nombre “Hombre”.
Y en cada generación de humanos, nació una criatura de luz y una criatura de oscuridad. Y grandes ejercitos se enfrentaron de noche en la antigua guerra entre el Bien y el Mal…
En una época pasada en la que la necesidad de un líder, de alguien que proporcionase aliento, esperanza y fuerza a una sociedad derrumbada, como era la Gran Depresión Americana, y en unos días, presentes, en que el cine se parece cada vez menos a ese ejemplar vehículo de contar historias que todos conocíamos y la pequeña pantalla suple las carencias de fondo de la industria del séptimo arte, con elaboradas narraciones, se situa “Carnivalè”, una fabulosa producción de la HBO, creada por Daniel Knauf y que consta de 2 temporadas de 12 episodios cada una.
“Carnivàle” es la historia de un circo ambulante y los habitantes de su pequeño universo, y paralelamente, también, la de dos hermanos, Justin e Iris, fieles a los mandatos del señor. El hambre, pobreza, mortalidad y religión son los protagonistas secundarios de este enfrentamiento entre el bien y el mal, en ese marco temporal, en el que los habitantes de la Norteamérica más profunda (aquella que recorre el circo ambulante) deambulan en la más absoluta miseria y que parece idóneo para que este levantamiento de proporciones bíblicas transcurra medianamente desapercibido a ojos de la sociedad.
Con un ritmo pausado y una narración “in crescendo”, “Carnivàle” se muestra hipnótica ante el espectador. Su maravilloso diseño de producción, rodado casi en su totalidad en exteriores (y que llevaron a la serie a su cancelación), sus personajes, estupendamente escritos y descritos por unos guiones inmejorables, la música de Jeff Beal, así como algunos de los nombres que figuran en la realización de determinados capítulos; Rodrigo García (“Nueve vidas”, “Cosas que diría con solo mirarla”), Todd Field (“En la habitación”, “Little Children”) o Peter Medak (“Al final de la escalera”) hacen de “Carnivàle” una serie de altísima calidad, algo que ya se desprende tan solo viendo sus títulos iniciales.
Es imposible no ceder ante la perfección técnica y artística a la que rayan ciertos episodios y que en su segunda temporada alcanzan cotas inimaginables de suspense e interés. La quietud de muchos capítulos contrasta con esa atmósfera de temor y turbación que sobrevuela en toda la serie. “Carnivàle” es sucesora del universo de David Lynch (Michael J.Anderson, actor habitual de Lynch, es aquí el enano Samson, motor del circo y personaje con mayúsculas), del cine de Todd Browning y en concreto de su “Freaks, la parada de los monstruos”, y me atrevería a decir que en sus pasajes más clásicos al cine de John Ford.
Al mismo tiempo “Carnivàle” se muestra como una de las obras audiovisuales más certeras sobre la Depresión Americana, no envidiando en absoluto a “Luna de papel” de Bogdanovich o “Las uvas de la ira” del ya citado Ford, y es que entre el descubrimiento de dos seres dotados de un don especial para su utilización positiva o negativa, “Carnivàle” es una radiografía de aquel doloroso momento. Las canciones populares de entonces, la importancia de la radio por encima de otros medios de difusión, el béisbol, los intereses políticos, la fe en la iglesia, por supuesto, la crisis económica (desarrollada principalmente en la familia de las bailarinas de striptease del circo), el cine, el sexo y el circo como medio de evasión.