Ni prejuicios de nacionalidad ni de religión era la primera regla. las guerras periódicas entre países europeos no debía perturbar la armonía de la cofradía
Cuando un capitán ancla en la isla, pierde el derecho sobre su embarcación. Quien preparase una expedición podía utilizar las naves que calaban en Isla Tortuga. Estas expediciones se votaban entre los miembros de la Hermandad
Prohibido desembarcar mujeres. A esto se había llegado luego de serias disputas por algunas de ellas. Pero la prohibición se refería exclusivamente a mujeres blancas.
Sus derechos y deberes.
Contra la tiranía, libertad. Se hace hincapié en evitar la tiranía, y para ello potencian la libertad de cada individuo.
La recompensa debe ser justa para cada uno de los participantes en una expedición. En la Hermandad había unos “sueldos” ajustados a la labor de cada uno de los hermanos en el barco, al número de personas y al botín obtenido. Había también dinero compensatorio para aquellos que habían resultado heridos en la expedición. Así, un bucanero que sufría la pérdida de su brazo derecho, debía cobrar seiscientas piezas de ocho (quinientas si era el brazo izquierdo); los que perdían la pierda derecha tenían derecho a quinientas piezas de ocho (cuatrocientas si era la izquierda). Finalmente, si perdían algún ojo, se les debía dar cien piezas de ocho.
Existía también otro grupo de poder, El consejo de ancianos. Estaba formado por los hombres más veteranos y sabios, eran quienes velaban por la pureza de la cofradía. También se dedicaban a observar y determinar que los nuevos hermanos estaban preparados para formar parte de la cofradía. El nuevo hermano se arriesgaba a ser rechazado o por el contrario le admitían por su compenetración con el grupo.
Le Vasseur llegó a Tortuga en Agosto de 1642, trayendo cien hombres y un buen número de bucaneros que había recogido de La Española. Después de una cruenta batalla, los ingleses que se habían apoderado de la isla fueron expulsados.
Los españoles veían con miedo lo que ocurría en Tortuga: diariamente más y más franceses llegaban a la isla. Temían que, llegado el momento, los franceses tuvieran una fuerza lo suficientemente importante para forzar a los españoles a abandonar La Española como ellos mismos habían hecho en Tortuga. Y así, a los pocos meses de haber terminado la construcción de la fortaleza, los Españoles mandaron barcos con quinientos hombres con órdenes de destruir el fuerte. La artillería se apostó cerca del fuerte, pero los cañones de la fortaleza hundieron a uno de los barcos dispersando al resto. Cuando las tropas españolas consiguieron llegar a la costa, una emboscada cayó sobre los soldados, matando al menos a doscientos y obligando al resto a volver a La Española.